2019/03/05

Salida extraordinaria del HDXA: Narcissus de Otoño y Chenopodiaceae de Levante.


15 al 28 de Octubre 2018

Saludos, con retraso, a todos los amigos y seguidores de las andanzas del HDXA por los bellos pueblos y parajes de la geografía española.
En esta ocasión para contaros nuestras aventuras buscando los narcisos de Otoño, pocos, pero preciosos y algunas chenopodiaceas de camino.
Esta vez la partida estaba compuesta por Pello, Antoñito, nuestro gallego preferido, Santi Patino, que le ha cogido el gusto a estas correrías y yo mismo.
Intentaré resumir lo acontecido y nuestras emociones, porque 14 días a 12 horas diarias (media jornada), dan tanto de sí que temo ser pesado.




Día 15: El viaje hacia el Sur.

Partimos temprano, con la amenaza de los coletazos del huracán Leslie . 750 km nos esperaban y después del desayuno nos plantamos en Teruel, bordeamos Valencia y escuchando a los Beatles, nos plantamos en nuestro primer destino, Oliva, donde, en un naranjal al lado de la carretera, vimos el N.x perezlarae, de aspecto bastante insólito para un narciso.
Comida mirando al mar en Denia.
A continuación, buscamos una nueva cita en medio de Denia, pero el baldío donde se suponía que estaba parecía más bien un basurero. No nos desanimamos y, en otro descampado cercano, entre campos de naranjos localizamos el mismo narciso, que nos sorprendió por su resistencia a la destrucción de su hábitat.
Llegada a Elche ya anochecido, nos situamos en el estupendo apartamento alquilado y a la cama con sueño, agotados por el viaje, las emociones y por el chupito de aguardiente gallego.




Día 16: Sierra, saladares y mosquitos

Desayuno fuerte y camino hacia la Sierra de Crevillente, cerca del pueblo Hondón de las Nieves.
Buscábamos la Caralluma munbyana, de la que teníamos cita en la cumbre, pero la suerte no nos acompañó, ya que, por más vueltas que dimos no la localizamos. En cambio, tuvimos una mañana espectacular, con vistas preciosas hacia Santa Pola y Elche y, entre olivares abandonados y pinares en la zona más alta, vimos plantas poco habituales para nosotros, como Hypericum ericoides, Aster sedifoliusBupleurum gibraltaricum.
Comimos al pie de la sierra y partimos hacia el parque natural El Hondo, unos saladares preciosos, donde vimos la Salsola oppositifolia y el Limonium santapolense, amén de bandadas de aves acuáticas, moritos y garcetas.
El único achaque fue el ataque de los mosquitos , que estaban sedientos de buena sangre (gran reserva).
La vuelta a casa, con la puesta de sol y atravesando el famoso palmeral de Elche, fue maravillosa.








Día 17: Calor y playa

El día se levantó con un calor asfixiante por la humedad y, para compensar ,volvimos al saldar de El Hondo, donde se unió a nosotros Arturo, un biólogo que andaba haciendo un estudio sobre aves y la curiosidad le movió a acompañarnos.
Vimos la Sarcocornia perennis ssp. alpinii y Halocneum strobilaceum. Aprovechamos para para ir comiendo dátiles de las palmeras del camino.
Fuimos a comer a la playa de La Marina y a la tarde, paseo por las dunas, por un cercano pinar y viendo la Periploca laevigata, el Pancratium maritimus y el florido Eucaliptus gomphocephala.
Última noche en Elche.








Día 18: Hacia el Arco Iris

Partimos con buen tiempo hacia Murcia y, en la misma capital, en el eremitorio de La Luz, vimos la misma al encontrar el N. deficiens rodeando toda la ermita.
Salimos hacia Mazarrón y subiendo hasta el faro de su puerto, comimos de nuevo mirando el mar (y soñando despiertos).
Dando un paseo por los alrededores del faro y hacia la cala del Moro Santo, vimos la Lapiedra martinezii y, gracias al hábil ojo de Santi, la Caralluma europaea, que parecía una piedra más, por su color y forma.
Nos esperaba un largo camino hacia Las Negras y llegamos con la luz amarillenta del atardecer, con una fina lluvia y un espectacular y nítido arco iris doble que enmarcaba Las Negras y nos recibía con todos los honores.
Nos recibió Joan, amigo de Pello y ya nuestro, que nos había buscado un buen alojamiento y cena en una estupenda pizzería del lugar. Chupitos después de cenar y a dormir.








Día 19: Invernaderos, tortuga mora y hormigas salvajes.

Salimos temprano hacia Retamar, la lluvia nos acompañaba y entramos en la rambla de Las Amoladeras, cerca del pueblo y de la ermita de la Virgen del Mar, patrona de Almería y ya conocida de viajes anteriores.
La rambla no fue propicia  y solo vimos el Ziziphus lotus y Ononis taleverae, pero el paseo por la orilla del mar bajo el sirimiri fue relajante.
Por la tarde fuimos a visitar el parque natural Entinas-Sabinar, estrecha franja entre el mar y los famosos invernaderos de El Ejido.
Aunque bastante deteriorado por restos de basuras y plásticos, el parque todavía conservaba una belleza natural y plantas como la Salicornia patula y el Limonium angustibracteum entre unas grandes charcas artificiales, Los Charcones los nombran, en los que encontramos hasta un grupo de flamencos, aves, no cantantes aunque algo danzantes.
Volviendo y debido a que los caminos estaban inundados, tuvimos que pasar a pie desnudo.
En la carretera que separaba los invernaderos del parque, los ojos expertos de Pello y Santi, localizaron el N. deficiens y una tortuga mora que entre ellos paseaba. Gran momento e incredulidad al encontrar algo tan bonito junto a la fealdad de los plásticos.
Estando Pello en plena emoción fotográfica empezó a pegar brincos al ser atacado por unas agresivas hormigas de fuego que le dejaron un doloroso recuerdo.
Aun dió el día un poco más de sí y, en unos acantilados cercanos, vimos el Maytenus senegalensis. Vuelta a Las Negras.












Día 20: Salió el sol por Antequera.

Nos despedimos temprano y con pena de Joanito y Las Negras. El día estaba oscuro y lluvioso, sobre todo para mí porque había roto las gafas al sentarme en ellas y llevaba las de sol para ver algo. La lluvia era constante, pero al pasar por Nerja, repostamos enfrente de una óptica y aproveché para comprar una nueva montura. Seguía oscuro, pero al menos ya veía más claro el tema.
A media mañana y como no paraba la lluvia,  paramos nosotros en un bar para almorzar y, al terminar, en perfecta sincronía terminó también ella y, en el horizonte veíamos clarear sobre la Sierra de Camarolos, justo adonde nos dirigíamos.
Más animados, llegamos a la sierra y paramos en la carretera, al lado del cortijo San Isidro. Confiando en otras citas más exactas, cambiamos de tercio y nos adentramos en el barranco de Guadalmedina, cerrado y escabroso.
Tras dura lucha con la vegetación, el terreno resbaladizo y las zarzas, llegamos a los pies de la sierra y, ya con praderas mas limpias vimos el Crocus serotinus y la Carlina gummifera, pero ni rastro de N. obsoletus, nuestro principal objetivo del día en su única localidad peninsular.Por lo menos no llovía.
Un poco mohínos, volvimos a parar en el cortijo inicial y, en 10 minutos, aleluya( ¡que suerte la suya!) el N. obsoletus y, de regalo, el curioso Biarum arundanum y con tal alegria, partimos hacia la Venta de la Yedra, cercana a Antequera.
Opípara cena y a dormir ya que nos esperaba otra buena tirada hasta Chiclana de la Frontera.










Día 21: Y llega la tormenta

Toda la noche escuchando un fuerte estruendo y, al levantarnos ,una terrible tormenta había provocado inundaciones en Antequera y en toda la provincia de Málaga.
Desayunamos y, confiando en el Cherokee, salimos hacia Morón. La lluvia seguía, los campos y carreteras estaban inundados, pero al llegar a Morón solo chispeaba, así que subimos hacia la Sierra de Esparteros, cubierta de N. cavanillesii y el pinchoso Solanum linneanum. Pocos kiló metros más allá, en la misma sierra, el N. serotinus, pero ni rastro de su hibrido.
Como seguía el sirimiri, y era engorroso fotografiar, fuimos hacia la urbanización Las Ramiras y, para matar el rato mientras escampaba, comimos un plato de pescaito frito, y, al terminar, paró la lluvia y, allí mismo, N. cavanillesii, N. serotinus y el híbrido, N. x alentejanus. Gran alegría por el éxito y camino hacia Chiclana, donde nos aposentamos en una estupenda urbanización y además donde éramos los únicos habitantes.










Día 22: Por fin el narciso verde.

Salimos temprano hacia la famosa Loma del Puerco, centro neurálgico de casi todos los narcisos de otoño, pero por más vueltas y revueltas que dimos, solo vimos el N. cavanillesii.
Habíamos llegado demasiado temprano, así como una pareja de ingleses que también daban vueltas, como burro en noria, buscando los mismos objetivos.
Tiramos, al final, de contactos telefónicos del amigo Rafa Díez, de Segovia y llegamos hasta el Pinar de la Barrosa y, en medio de la urbanización, en una pequeña isleta con pinos, vimos el maravilloso N.viridiflorus y no nos cansábamos de fotografiarlo.
Con otra buena cita, fuimos al Pinar de Roche, volvimos a ver el narciso verde y una preciosa Smilax aspera.
Bordeando todo el pinar llegamos hasta unos acantilados donde estaba el J.oxycedrus ssp. macrocarpa. Atravesando toda la urbanización ya anocheciendo, volvimos hasta el coche, cansados pero contentos.








Día 23: Vuelta por la provincia de Cádiz.

Salimos hacia Benalup donde localizamos N.deficiens y N.x perezlarae.En Vejer de la Frontera vimos preciosos alcornoques y en Facinas, volvimos a ver de forma abundante el Biarum arundanum y la curiosa Gomphocarpus fruticosus, apocinácea invasora de origen sudafricano. Muchos kilómetros pero muy amenos.








Día 24: Paseos por la Cala del Aceite.

Por la mañana nos acercamos a la laguna de la Paja, cercana a Chiclana, pero la laguna está seca y, aunque vimos algún ejemplar de N. viridiflorus y el Crocus clusii, el ambiente era poco propicio y los mosquitos, muchos.
Fuimos hacia Conil, con la intención, sobre todo, de localizar el N.x alleniae, híbrido de N.deficiens y N. viridiflorus.
Despistados, nos metimos en los caminos que bordean los acantilados cercanos a la cala del Aceite y, después de paseos por todos los caminos, cuando ya nos íbamos cansados porque anochecía, nos dimos de bruces con el N.x alleniae. Muy contentos , porque el último día, a última hora, veíamos uno de los objetivos del viaje.











Día 25: El retorno

Había que ir volviendo y dejar a Santi en Sevilla, ya que tenía compromisos en Sestao. Nos despedimos con pena y, para mediodía, estábamos en las dehesas de Nogales (Badajoz), con un espectáculo de N.serotinus cubriendo los campos como si hubiera nevado.
Marchamos hacia Elvas (Alentejo) y, en un precioso paisaje cerca del rio Guadiana y al otro lado de la raya de Portugal, al lado de la ermita de Ajuda, vimos de nuevo, el N. serotinus, N. cavanillesii y N. alentejanus.
Ibamos marchando cuando nos encontramos a otro aficionado  fotografiando narcisos y, al saludarle, descubrimos que era Rafael Tormo, profesor de la Universidad de  Badajoz y amigo en las redes sociales de Antonio.
Con la alegría del encuentro, nos invitó a conocer Elvas y allí estuvimos tomando unas cañitas en un precioso pueblo portugués.
Como el viaje era largo, nos despedimos y enfilamos hacia Garciaz (Cáceres), una de nuestras bases logísticas y siguiente parada y fonda.
Por el camino íbamos viendo hasta que altura del norte llegaba el N. serotinus y lo vimos en Zorita. Como ya anochecía, lo dejamos para el día siguiente.












Día 26: Descanso y turismo

Después de fotografiar el N.serotinus en Zorita, decidimos visitar Trujillo y su castillo además de realizar las obligadas compras para la familia. Comida típica de migas y ya por la tarde, paseo por los campos garcieños en busca de setas, totalmente infructuosa, pero preciosos bosques de robles y castaños.






Día 27: Paseo por Las Villuercas.

Ya con la vuelta en mente, decidimos dar un paseo por Las Villuercas.
Primera parada en Guadalupe, precioso pueblo con sus calles adornadas y su espectacular monasterio. Marchamos después hacia Cabañas del Castillo y, en la subida al castillo, vimos la preciosa Stenbergia lutea.  Comida típica en Solana de Cabañas y vuelta por Los Ibores a casa.
Los paisajes son difíciles de describir, por lo que os aconsejo verlos por vosotros mismos y llenar los sentidos con su belleza.










Día 28: Adiós no, hasta la vuelta

Volviendo ya hacia Vitoria por la Ruta de la Plata, nieve en Salamanca y Burgos. Pasamos de 26 grados en Chiclana a nevadas, pero con todos los paisajes, plantas y recuerdos en nuestro corazón, no notábamos el frío.
Como siempre, todas estas plantas y muchas más, en el HDXA y ,como decían los dibujos animados de nuestra niñez, esto es todo amig@s.Pronto volveremos con más excursiones.

Un saludo: Juan Pedro Solís
“Con sol fuimos con sol vinimos y los narcisos de otoño vimos”

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