2018/06/19

Ideas para construir cajas nido para Vencejos y Pipistrellus



Dentro del proyecto BIOED, "Biodiversidad en Edificios" que estamos llevando a cabo desde el Instituto Alavés de la Naturaleza-Arabako Natur Institutua, patrocinado por la Fundación Eroski, impulsamos la colocación de cajas nido apropiadas para la fauna asociada a edificios, intentando revertir la preocupante situación de las poblaciones de algunas de estas especies. Por ello os pongo aquí este enlace de Swift Conservation de UK, lleno de ideas para hacernos nosotros mismos las cajas nido para vencejos y algunas también para murciélagos. Sencillas, dobles, triples, etc.
swift-conservation.org

He aquí algunas de las ideas:

Caja para vencejo y murciélago

 Frontal


Trasera


 Suelo



 Este es un modelo suizo


Este otro diseño es cuádruple: 3 huecos para vencejo y 1 para murciélago.


Para ver más detalles ver el enlace de Swift Conservation: http://swift-conservation.org/Nestboxes&Attraction.htm#D.I.Y.

Jordi Gómez
Coordinador del proyecto Biodiversidad

2018/06/08

3. Salida del Herbario Digital: Por las Loras de Burgos, en Peña Amaya


8-10 junio de 2018

"Oh, campo, esta hermosura no tiene página ni espejo y sólo, a veces, se deja seducir por el temblor de la palabra, por la inspiración de la poesía. Pero ¿recogerte, encerrarte? ¿Quién pone puertas al campo?"
Muñoz Rojas

Hacía tiempo, años, que los del Herbario digital deseábamos ir a Peña Amaya, al noroeste de Burgos,  muy cerca del río Pisuerga y de la provincia de Palencia. Por esta mítica Peña de 1.370 metros, han pasado todas las civilizaciones desde la prehistoria. Así que cuando  llegamos a la localidad de Amaya, a sus pies, donde habíamos alquilado una preciosa casa rural para el fin de semana botánico, y contemplamos la Peña, a la luz del atardecer de un viernes de junio, la emoción fue grande. Allí estábamos a mil metros de altura, seis de nosotros, felices y dispuestos a sumergirnos en su belleza y misterio.
Lora de Peña Amaya

Habíamos llegado el viernes a última hora y llevábamos entre nosotros a un intendente y  cocinero que nos preparó un deliciosa cena tras dar un paseo por el pueblo: Juan Pedro lo había dispuesto todo con su habitual diligencia. Teníamos también jardín  y mucho espacio y luz.  Al abrir las ventanas que daban a la Lora de Peña Amaya,  anochecido, escuchamos al sapo partero ya que el ambiente era húmedo, y nos preguntábamos con su  evocador canto, como sería la ascensión a tan impotente macizo calcáreo, que allí llaman Lora, al día siguiente. El cartel indicando la subida a la Peña lo teníamos al lado.  Era cuestión de horas y de dormir bien. Esperábamos además de muchas plantas parameras encontrar dos rarezas presentes en la zona, una en Peña Amaya  y otra en la contigua Peña de Albacastro.


Al asomarnos el sábado por la mañana a la ventana, ya no cantaba el sapo partero, había estado lloviendo por la noche y corría el agua por la calle en cuesta como un arroyo salvaje y el panorama se presentaba incierto. Desayunamos opíparamente, y con toda la impedimenta y mucha ilusión seguimos la flecha hacia las alturas, mientras dejábamos el pueblo y su iglesia cada vez más lejanos y también más hermosos, enclavados en los prados verdes de esta exuberante primavera,  en medio de la soledad y quietud a la que habíamos accedido por olvidadas carreteras secundarias. La Lora de Peña Amaya tenía aún algo de niebla en su cresterío y estaba  imponente. No tuvo que pasar mucho tiempo, pues el campo florido, como sólo puede estarlo en junio en estas altitudes, invitó a los fotógrafos Pello, Antonio y Alfonso a que se pusieran a trabajar, en una larga tarea que se prolongó hasta el atardecer. 

Ese día fue muy productivo por la cantidad de plantas fotografiadas para el herbario en una sola jornada. 

Nos acompañaban los buitres y las chovas, y la soledad inmensa y liberadora del cielo, a veces nublado y a veces con sol, mientras ascendíamos sin lluvia y con grandes retos botánicos por la cantidad de especies y colorido.


En ese primer tramo más bajo encontramos Scandix australis, Sideritis montana,  Senecio minutus, Dianthus  pungens ssp. brachyanthus  (preciosas clavelinas) y Silene conica. Pero también brillaban por allí las margaritas y entre ellas una grácil amapola, que resultó ser Papaver argemone. Aquella preciosidad enseguida fue también incorporada a las fotos del Herbario digital.

 Silene conica


Papaver argemone



El Castillo

Continúo la ascensión hasta un lugar llamado El Castillo, donde Ranunculus ollisiponensis y Cardus nigrecens ssp. assoi, en su esplendor se juntaron a Paronychia kapela y Silene boryi  

Silene boryi 

para reclamar nuestra atención.  El paisaje era de los que dejan sin aliento. Una a veces no sabía donde mirar en ciertos instantes, si a la lejanía o al esplendor de los cardos, tal era la intensidad de la experiencia que se nos ofrecía en cada recodo. Pero íbamos tranquilos y disfrutando y a nuestro ritmo, y daba tiempo y ocasión para todo. A esas alturas de la mañana el tiempo había desaparecido junto al reloj. Simplemente estábamos allí y con mucho que hacer.


 Restos arqueológicos

Pasito a paso y sin gran dificultad llegamos a una gran explanada con restos arqueológicos de un castro, seguramente prerromano, y allí se encontraba un guarda para indicar a los paseantes como afrontar la parte más alta de la Peña sin gran peligro. Nos hizo señas. Desde allí se divisaba ya la Lora que pensábamos visitar al día siguiente y el estrecho valle a los pies de la nuestra, la de Peña Amaya;  son alargadas formaciones rocosas, características de esta zona de Burgos.



Nada más despedirnos del guarda y tirar para arriba divisamos un gran rebaño de ovejas que se movía como un ola y como una nube, fundido con la tierra, discreto, integrado en el paisaje, y a su vera, el pastor. Era una estampa eterna que se habrá repetido desde casi el origen de la historia humana. Hipnotizaba. Pero como las olas y las nubes, de pronto, ya no estaba allí y había desaparecido rápidamente de nuestro campo visual.

Euphorbia pyrenaica

Ascendimos el último tramo entre grandes roquedos de perfiles sobrecogedores donde hallamos Euphorbia pyrenaica.

Al llegar a lo alto de Peña Amaya, una gran extensión nos tuvo entretenidos mucho tiempo en un paisaje amable e inmenso de pastos parameros y montanos.  


Enseguida encontramos al pastor en un pequeño refugio con su perra Moris y otros cuatro perros. Se llamaba Jose Luis y tenía a su cargo 600 ovejas. 


Scorzonera hispanica 

 Paeonia officinalis ssp. microcarpa


Tras fotografiar el Ornithogalum bourgeanum, también conocido como leche de gallina, y la Scorzonera hispanica nos dispusimos a comer en una especie de jardín privado, acotado por rocas, lleno de Paeonia officinalis ssp. microcarpa.  Habíamos llegado ya a lo más alto y allí dimos cuenta del Rhamnus pumila y Astragalus depressus hicieron trabajar más a los fotógrafos, que se mostraron toda la jornada incansables

 Arum cilindraceum

Astragalus incanus ssp. nummularioides

Aethionema thomasianum

No estuvimos allí mucho tiempo porque el entorno de la Lora de Peña Amaya nos atraía mucho y la recorrimos toda entera tanto por el borde como por el centro, atrapados como peonzas en su encanto. Estábamos descendiendo levemente en altura y aparecieron el auténtico Arum cilindraceum primero, y luego una de las rarezas:  Aethionema thomasianum. Sisymbrium austriacum ssp. contortum y Linaria próxima fueron los próximos objetivos. Entre bromas y numerosas paradas para admirar los cambiantes paisajes, fueron cayendo en la cesta virtual del Herbario Senecio lagascanus y Centaurea lagascana, Astragalus incanus ssp. nummularioides y Ophrys santonica

Al atardecer los fotógrafos estaban ya colmados de experiencias y los demás, ídem, porque habíamos estado todo el día andando y trabajando, casi sin darnos cuenta, y el tramo final  pesaba en el descenso; nos habíamos alejado al extremo opuesto de Peña Amaya dentro de esa Lora y todavía quedaba aún buena distancia. Cojeábamos un poco en las últimas cuestas mientras avistábamos el pueblo de Amaya al que accedimos desde el extremo opuesto de la Lora y soñando ya con nuestra casa amarilla y sus comodidades.

En el último tramo del descenso, Alfonso encontró setas de cardo, una exquisitez de la zona, que luego nos preparó para cenar como un extra al buen hacer de Juan Pedro, y nos sentimos como los recolectores primitivos de esos lugares tras volver con el condumio en el zurrón. El sapo partero nos lo confirmó todo, todito, todo. No había sido un sueño.

Rebolledo de La Torre
Ermita de nuestra Señora de Villoba

A la mañana siguiente, perezosos y hogareños, con un tiempo que amenazaba lluvia fuerte más adelante pero que se mantenía de momento, nos dirigimos en coche hasta Rebolledo de La Torre, a una Lora paralela a la nuestra que ya habíamos avistado desde las alturas la jornada precedente, directos al Monte Albacastro en busca del escaso Astragalus vesicarius , (una rareza que por allí abundaba, según las informaciones muy documentadas de Pello. Primero nos encomendamos a Nuestra Señora de Villoba en la ermita del pueblo así que al poco tiempo y tras una florida ascensión, el ojo clínico de Pello detectó el ansiado Astragalus vesicarius, y tras dar unas buenas  vueltas por la zona fotografiándolo en su ambiente, ya muy relajados y satisfechos con los resultados, dimos cuenta de Arenaria erinacea e Iberis carnosa y nos concedimos precavidos, ir a visitar la iglesia románica de Rebolledo del Torre, con un precioso pórtico románico que logramos alcanzar justo cuando comenzaba a llover fuerte. Allí nos fotografiamos con el mismo entusiasmo que si fuésemos plantas florecidas de junio, con la salvedad de que los fotógrafos no tuvieron que andar tirados por el suelo y posaron erguidos como los Asfódelos. Toda una novedad.

 Astragalus vesicarius


Alfonso ya  había encontrado en las lomas del monte Albacastro una delicada variedad de champiñón de láminas rojizas, que apareció en nuestra mesa junto a otras viandas bien dispuestas por nuestros dos excelentes cocineros. Tras el ágape de despedida y de sagrado domingo, alegre y reconfortante, además de inesperado y fraternal, tuvimos que coger las de Villadiego para llegar a casa pensando en Peña Amaya, las Loras y esos paraísos naturales a los que desde entonces pertenecemos como devotos. Y es que la vida no se mide por las veces que respiras sino por los momentos que te dejan sin aliento.

Texto: Carolina Larrosa
Fotos: Pello Urrutia, Alfonso López de Armentia  y Carolina Larrosa

2018/05/20

2ª Salida del Herbario Digital 2018: Monte Yerga (Lo)


 Paeonia officinalis


Saludos a todos los amigos y seguidores de las andanzas del Herbario Digital.
El pasado domingo, 20 de Mayo, partimos hacia La Rioja con la intención de localizar algunas plantas en el Monte Yerga los siguientes miembros del IAN: Anabel, Pello, Iosu y yo mismo.


 Astragalus stella

Hippocrepis ciliata

Ya de camino y, después del tradicional café mañanero, paramos en Aldeanueva del Ebro y, en el Cabezo La Torre, con estupendas vistas a Calahorra , Los Agudos y el Valle del Ebro, vimos el Astragalus stella, Hippocrepis ciliata, con sus curiosos frutos, Picris hispanica, Launaea pumila y en la cunetas, Papaver hybridum, con su cápsula erizada de pinchos.


Silene boryi

Como de costumbre, nos liamos y para cuando quisimos darnos cuenta se nos echaba encima el mediodia, así que bajamos por el barranco y enfilamos hacia Autol y el Monte Yerga.

Ya subiendo el monte cómodamente por la pista, en la cuneta, vimos la preciosa Paeonia officinalis  para gran regocijo de Iosu y Anabel,que nunca antes la habían visto.


En lo alto del monte, cubierto de antenas y molinos eólicos paramos a reponer fuerzas. Un buen almuerzo y, a continuación fotografiamos Erinacea anthyllis, Silene boryi y Erodium glandulosum.
Más nos costó dar con la muy escasa, delicada y espectacular Chamaespartium dephinense pero con los inestimables informes previos de José Ramón, la encontramos y disfrutamos de este maravilloso endemismo de las montañas de La Rioja y Soria.

Chamaespartium dephinense

Ophrys riojana

Ya atardecía y volvíamos  hacia casa cuando nuestra proverbial buena suerte hizo que, al parar para reponer agua en la Fuente del Piojo (Quel), nos encontraramos rodeados de orquídeas de varias especies, en gran cantidad y, entre ellas, la meridional Ophrys riojana, de pequeña y bonita flor y nunca vista por ninguno de nosotros.

Por último, hicimos una parada en un carrascal, cerca de Villarroya . Día estupendo de clima, compañía y plantas interesantísimas que podéis ver en el Herbario Digital.

Texto y fotos: Juan Pedro Solís.

2018/05/13

Minimaratón Ornitológico a Pie



        El domingo 13 de mayo tuvo lugar esta actividad, consistente en una caminata mañanera en el entorno del embalse de Ullibarri con el objetivo de detectar por la vista o el oído el mayor número posible de especies aves y apreciar así la riqueza avifaunística de nuestro entorno. Aunque las previsiones meteorológicas no eran nada buenas, el tiempo aguantó, si bien un persistente viento del norte hizo que las condiciones no fueran ideales.

        Ocho personas comenzamos la ruta en la localidad de Marieta, donde visitamos los magníficos robledales del entorno con el fin de localizar aves forestales. Después, tras atravesar el pueblo y sumar las especies de aves propias de ambientes urbanizados (que nos hacen llegar a treinta en la lista), nos acercamos a la orilla del embalse de Ullibarri. Lo cruzamos por el antiguo acueducto, y fuimos recorriendo las riberas suroccidentales en las localidades de Azua y Urizar. Un archibebe común solitario nos hace llegar a las cincuenta especies. Tras almorzar cerca de la playa de Lubiano, atravesamos de nuevo el embalse por el dique cercano a Urizar, para llegar al aparcamiento del observatorio de Mendíjur, donde habíamos dejado un coche con el que poder recuperar los que se habían quedado en Marieta. Justo antes de entrar en el observatorio, una curruca mosquitera en pleno canto eleva la cifra a setenta, y ya de regreso al coche, una oropéndola añade una más. En el mismo momento de meter las mochilas al maletero, un cernícalo vulgar se cierne junto a nosotros y es la última especie que sumamos para llegar a las setenta y dos. Son las siguientes:



  1. Acentor común
  2. Agateador europeo
  3. Aguililla calzada
  4. Aguilucho lagunero
  5. Alimoche común
  6. Alondra común
  7. Ánade azulón
  8. Ánade friso
  9. Ánsar común
 10. Archibebe común
 11. Avión común
 12. Avión zapador
 13. Buitre leonado
 14. Busardo ratonero
 15. Carbonero común
 16. Carricero común
 17. Carricero
 18. Cernícalo
 19. Cetia ruiseñor
 20. Chochín
 21. Chorlitejo
 22. Cigüeña blanca
 23. Colirrojo tizón
 24. Cormorán grande
 25. Corneja negra
 26. Correlimos común
 27. Cuchara común
 28. Cuco común
 29. Curruca capirotada
 30. Curruca mosquitera
 31. Escribano soteño
 32. Escribano triguero
 33. Estornino negro
 34. Focha común
 35. Gallineta común
 36. Garceta común
 37. Garcilla bueyera
 38. Garza imperial
 39. Gaviota patiamarilla
 40. Golondrina común
 41. Gorrión chillón
 42. Gorrión común
 43. Herrerillo común
 44. Jilguero europeo
 45. Lavandera blanca
 46. Lavandera boyera
 47. Milano negro
 48. Mirlo común
 49. Mito
 50. Mosquitero ibérico
 51. Mosquitero papialbo
 52. Oropéndola
 53. Paloma doméstica
 54. Paloma torcaz
 55. Pardillo común
 56. Pato colorado
 57. Petirrojo
 58. Pinzón vulgar
 59. Pito real
 60. Porrón europeo
 61. Reyezuelo listado
 62. Ruiseñor común
 63. Serín verdecillo
 64. Somormujo lavanco
 65. Tarabilla común
 66. Torcecuello
 67. Tórtola turca
 68. Trepador azul
 69. Urraca
 70. Vencejo común
 71. Verderón común
 72. Zarcero común


Texto y fotos: Josean Gainzarain
2018/05/12

¡CADA MOCHUELO A SU OLIVO……y si no hay OLIVOS?



En la antigua Grecia era el animal sagrado de la diosa Atenea, de la cual toma su nombre científico Athene noctua. Es sin duda el de apariencia más rechoncha de los búhos que podemos observar en la ciudad, muy similar al Autillo sin mechones en la cabeza. Es sedentario no alejándose más de 30km desde su lugar de nacimiento. Su cabeza muy redondeada es capaz de efectuar giros extraordinarios en búsqueda de alimento como grillos, escarabajos, saltamontes, polillas, lombrices, roedores, etc. Se instala siempre en oquedades más o menos amplias, tanto naturales como artificiales palomares, ermitas, y casas abandonadas.



Está catalogado como de “Interés Especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Los drásticos cambios experimentados en el campo español, el empleo de productos tóxicos en la agricultura o la gran cantidad de bajas que sufre la especie como consecuencia de los atropellos sitúan a este pequeño y simpático búho en una situación muy preocupante siendo declarada ave del año por SEO/birdlife el 2011. En el proyecto “Biodiversidad en edificios” BIOED impulsaremos su presencia y conservación en aquellos lugares donde lo detectemos mediante la divulgación y la colocación de cajas nido que favorezcan su presencia.




Texto: Jordi Gómez




PROYECTO BIODIVERSIDAD en EDIFICIOS

INSTITUTO ALAVÉS DE LA NATURALEZA-ARABAKO NATUR INSTITUTUA

Financiación aportada por EROSKI a través de la conciencia medioambiental ciudadana de Vitoria-Gasteiz.


info@ian-ani.org
2018/04/15

1.Salida de Herbario Digital: Sierras de Entzia-Urbasa.


“Con la vista llena de narcisos”

“Ofrecer la buena miel a la buena boca, en el buen momento y en el buen lugar”   Dalí

El tercer domingo de abril, día 15, el Herbario digital se desplazó a la sierra de Entzia- Urbasa con una misión muy grata y propia de la estación: los narcisos.  Queríamos encontrar en el monte Azkueta el N. varduliensis , en su localidad clásica, donde fue descrito en su día por Pedro Uribe-Extebarria y Javier Fernández Casas, que lo llamaron “de los Várdulos” (varduliensis, en latín) por la tribu vasca que allí se estableció con ese nombre en la zona de Opakua.

En el puerto de Opakua, en su praderas calizas, y ese día llenas de agua y de regatos por el deshielo reciente,  había una paz y un silencio sobrecogedores, como de catedral al aire libre, animados, eso sí, por los cantos,  nada gregorianos de los pájaros más madrugadores. Hicimos una primera parada en los dominios de los pequeños narcisos de montaña.  Allí nos bajamos del coche, todos ojos y placer de respirar ese aire tan puro, tres compañeros narcisólogos,  a los que no había visto en una larga temporada, y yo; enseguida, cayendo de rodillas entre los ejemplares de pequeños narcisos de tres especies diferentes, me pusieron al día de lo que allí había y de las nuevas denominaciones que les correspondían: N. minor  ssp. exiguus , N. bulbocodium ssp. citrinus (o N. turgidus) y el híbrido de ambos N. x alejandreii (dedicado a nuestro ilustre amigo Juan Alejandre) .


Sacaron fotos y disfrutamos del paisaje y del hermoso día que comenzaba muy bien. El praderío a lo lejos brillaba con  miles de narcisos.




El riguroso estudio que en forma de artículo científico  que acaban de publicar en la revista de Valencia Flora Montibérica nº 70, del que nos pudo entregar un ejemplar ese mismo día, recién llegado,  explica con detalle la taxonomía del grupo de los pequeños narcisos denominados grupo asturiensis-minor.  Y así los vamos a denominar desde ahora con toda naturalidad.

La siguiente parada en los hayedos de Entzia fue para ascender al monte Azkueta, de 1.075 metros de altura, donde esperábamos encontrar el N. varduliensis en los prados calizos bajo las rocas de la parte más alta. Mientras, disfrutábamos mucho de la sobriedad del hayedo, sin hojas, lleno de luz tamizada y con las flores que le son propias de la primavera. A 1004 metros de altura fotografiamos Corydalis cava, con sus flores rosas recién salidas,  mientras caminábamos entre masas de Helleborus viridis, dientes de perro nuevecitos de este año, la preciosa Arabis alpina, una crucífera blanca, y nos acercábamos a las Scilla lilio-hyacinthus, muchas en flor y con verdes hojas lujuriosas. Allí, a su lado, en esos pastos montanos calizos estaba el buscado N varduliensis, abundante, donde fue descrito. Un momento siempre emocionante, y más si se está junto a Pello Urrutia, Antonio González y Juan Pedro Solís. La mitad de nuestros objetivos, ya realizados, gracias a que los GPS no mienten, fuimos derechos al lugar donde habían sido citados, un enclave onírico y mágico, repleto de paz, silencio y belleza.





La otra mitad nos llevó hacia las campas de Legaire, desde donde caminamos unos cuatro kilómetros a la cercana Navarra para ascender el monte Legumbe, situado en Urbasa, justo en la muga con Álava, sede de un híbrido del N. varduliensis con el N. minor ssp. exiguus.  Fue una buena caminata y hasta nos encontramos con una amigo botánico de Pello, Goyo Morante,  y su gente, al que pudo regalar un ejemplar de la citada revista. Nunca se sabe donde va a estar el lector agradecido, en este caso en los hayedos silenciosos. Fueron las únicas personas con las que hablamos ese día, mientras íbamos disfrutando de las hepáticas azules, blancas y rosas, de las primeras prímulas del hayedo, escasas, de las hojas del Ranunculus nemorosus, que hay que fotografiar cuando florezca, pero aún no toca, de las violetas y las anémonas nemorosas. Cuando llegamos a la altura adecuada, en los pastos montanos calizos, allí estaban el N. varduliensis y el N. minor ssp. exiguus y su híbrido N. x mikelii-lordae, en medio de ambos. Eso sí, una alambrada que separa Álava de Navarra nos hizo tener que fotografiar a ambos lados de ella, como si esos centímetros de diferencia afectaran en algo a su naturaleza. La verdadera vida no entiende las  cosas de la burocracia y lo oficial e hicieron trabajar doble a los fotógrafos, a quienes no parece que les afectara mucho ya que se les veía muy activos y contentos. Misión cumplida, sin duda.  Yo tuve sueños varduliensis mientras trabajaban tanto ya que me eché una siesta, un ratito, un cerrar los ojos cansados entre esos hermosos ejemplares, un lujo de abril, el lugar y la ocasión. Había rocas tapizadas de musgo y alrededor, una plataforma, una cama, con los bordes llenos de N. varduliensis. Las hayas cubrían el lugar a modo de dosel.  Por lo visto yo estaba en Navarra y el revuelo de voces  y movimientos de mis compañeros, me llegaba, como música celestial, desde Álava. La distancia justa.





Al atardecer y con unas gotas de lluvia acuciándonos a volver, regresamos al coche y paramos en Maestu a tomar algo y reponer fuerzas sin dejar de soñar con los hayedos de las sierras de Entzia y de Urbasa y con la cámara y el herbario llenos de narcisos, y los ojos,  los de todos,  atesorando destellos de amarillo limón y oro puro combinando con el verde hoja recién salida y sin estropear de los narcisos de abril.

Texto: Carolina Larrosa

Fotos: Pello Urrutia y Carolina Larrosa

Nosotros

El Instituto Alavés de la Naturaleza-Arabako Natur Institutua (IAN-ANI) es una asociación cultural y científica, de carácter no lucrativo; se constituyó legalmente en 1988 (registro de asociaciones A/1287/88), aunque tuvo su precedente directo desde 1973 en la Agrupación para el Estudio y Protección de la Naturaleza en Álava (AEPNA). Ha sido declarada, además, de utilidad pública en marzo de 1997.

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