2017/01/29

VI. Asamblea del Herbario digital en Oñate

“Cada día deberíamos  regresar al hogar de lejos, de aventuras, peligros y descubrimientos, con experiencias nuevas y el carácter renovado Henry David Thoreau,  “Walden”


El día 29 de enero nos reunimos en Oñati los amigos y simpatizantes del Herbario Digital Xavier de Arizaga.

La organización corría a cargo de Oñatiko Naturzaliak,  cuya cabeza visible, Iker Novoa, nos preparó una salida extraordinaria en un día que resultó templado y agradable.
Desde Sestao, acudieron Javier Elorza, Santi Patino, Jabi Balentzia, Edu Miguel, Eneko Díaz y Begoña Zorrakin.  Desde Iruña Xabi Egurcegi, desde Zumaia Aitor Leiza, desde Gasteiz Antonio González, Juan Pedro Solís, Jose Ramón López Retamero, Pello Urrutia y Carolina Larrosa. En Oñati nos esperaban Iker Novoa, Haizea Agirre, Izaskun Urizabel, Ibai Ugarte, José Ruiz, Jon Ugarte.


Nos llevaron a explorar el barranco de Jatarube sobre el río Artixa y su precioso bosque de ribera. Como nos explicó  Iker Novoa, es un barranco en zona cantábrica, pero con mucha influencia mediterránea.  El paseo fue muy interesante y de gran belleza y  comenzó tras pasar un puente de vértigo sobre el río siguiendo un canal de agua elevado, que construyeron los alemanes para la central eléctrica que se levantó allí mismo.
Desde el primer momento nos iban señalando todas la cosas interesantes,  un crisálida sobre una planta de Arabis turrita nada más comenzar el recorrido hasta los madroños y enebros en el barranco con zarzaparrilla trepando por los pinos.  Había aún algunos  castaños con los que en el pasado se hacían cestos hasta que una enfermedad producida por hongos en el siglo XIX acabó con la mayor parte, ya que la trasmitían rápidamente las herramientas para cortar las ramas, mientras que en León y Galicia utilizaban sólo las castañas y la infección allí no resultó tan devastadora. Pello también nos explicó las características del paisaje y la vegetación del barranco.


Tras llegar a Urrexola y su peculiar balneario, llegó el momento de ascender hacia un pico de roca caliza para ver la cueva de Aitzulo, la más espectacular de las muchas que hay por la zona.Nos dividimos porque  era una subida fuerte y había planes alternativos.  Los que subieron, la mayoría, regresaron muy contentos porque el paisaje era espectacualar y en la cueva de Aitzulo, además de disfrutar de un entorno mágico, encontraron unas plantitas de Urtica membranacea, que por lo que cuenta Jabier Balentzia, botánico del grupo de Sestao, parece que se daba por extinguida en Gipuzkoa. Los últimos datos serían de hace más de 150 años en Donosti e Irún, y no se había vuelto a encontrar.

Cuatro de nosotros visitamos un barrio de Oñati, muy apartado del resto y de especial interés, el bario de Araotz, lleno de grandes caseríos y prados. Veíamos el Aloña y la sierra del Aitzgorri nevados, tras la iglesia y el frontón, y en la taberna había una reunión de los vecinos del barrio por lo que nos pidieron que estuviéramos silenciosos mientras nos tomábamos un delicioso caldo con un pan casero, ídem. Javier Elorza, también del grupo de Sestao, nos llevó a ver el caserío Elorza, con la efigie de un famoso general, mientras los alaveses contemplábamos  el otro lado de la sierras de Urquilla y Elguea por donde por lo visto eran habituales los trapicheos del contrabando.

De allí ,y ya de camino para reunirnos con los demás, visitamos como nos habían recomendado, una ermita dentro de una cueva, que nos maravilló, al lado del río y de una balsa de riego, muy cerca de donde habíamos dejado los coches. Había escaladores en la gran masa rocosa donde se encontraba la cueva  y abundaba una  compuesta en las grietas de la gran mole caliza, el Phagnalon sordidum.

En Arantzazu comimos en  el Sindika, un restaurante con grandes cristaleras sobre los montes y los barrancos que rodean a la basílica, con unas vistas espectaculares; allí pudimos comentar todo tipo de cosas, intercambiar información y disfrutar de una deliciosa y sencilla comida, de las que sientan requetebién.

Nos despedimos bajo los 14 apóstoles de Oteiza, mientras estallaba la lluvia y bajo una luz melancólica y muy vasca, pero con la mente llena de amistad y alegría y con el carácter renovado, como recomendaba Thoreau, el padre de la Ecología.





Carolina Larrosa

2017/01/19

Unas piernas de escándalo en las marismas

Unas piernas de escándalo en las marismas

Me refiero a las patas rojas o naranja fuerte, según la luz, del Archibebe común. Así las calificó Brian en la primera salida de este año del IAN, que fue el pasado fin de semana a las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, en Cantabria, una excursión ornitológica que se prolongó durante dos noches y tres días magníficos en mitad de enero.


Los seis participantes nos alojamos en Argoños, cerca de Santoña,y ya desde el viernes, recién llegados al anochecer, nos dimos cuenta de que hacía mucho más calor y había menos lluvia que en Vitoria.

El pronóstico de un fin de semana húmedo y nuboso nos venía muy bien ya que en esas circunstancias las aves invernantes se acercan a la costa y el espectáculo es constante y variopinto.


A primera hora de la mañana del sábado en el puerto pesquero ya había mucho revuelo y allí estaban flirteando los cormoranes grandes y los moñudos en el agua mientras nos sobrevolaba la gaviota reidora, y el esbelto charrán pescaba delante de nosotros. Enseguida tuvimos la primera discusión sobre una gran gaviota sombría posada en un poste que algunos creíamos, por su gran tamaño, que podría ser un Gavión, mucho más raro. Brian nos sacó de dudas y ya no nos quedó ninguna cuando nos enseñó un Gavión de verdad, desde el molino de Santa Olaja, al día siguiente. Era enorme. Tuvimos mucha suerte de ver uno.


Nos quedamos un buen rato porque también había agujas y buceaban el zampullín cuellirojo y el colimbo grande.






Luego, con una luz y un tiempo estupendos, nos dirigimos al observatorio de Arenillas, que era como nuestra casa sobre la marisma para observar aves y más tarde refugiarnos y comer. Es un lugar que nunca nos defrauda. Era también el mejor momento, antes de la bajamar, cuando las aves acuden a los limos a comer y fue espectacular.Allí estaban los zarapitos y la espátula. Había zarapitos reales y trinadores pero las estrellas de la mañana, fueron las serretas medianas, muy despeinadas ellas, que algunos no habíamos visto nunca. Son patos…y patas, por supuesto.Contábamos con Alfonso y Brian para aprender y distinguir unas especies de otras. Fue entonces cuando avistamos archibebes claros y comunes y para distinguirlos nos tuvimos que fijar en las patas rojas del archibebe común, iluminadas por el sol, realmente de escándalo. Sobre todo cuando se comparaban con las del otro archibebe, llamado el claro, que son verdes y cuesta mucho más asombrarse.

Luego, los chorlitos y otras limícolas nos tuvieron absortos hasta que se produjo la bajamar, las aves disminuyeron, y nos fuimos a Escalante, que es otra parada habitual en esas marismas.


Nada mas llegar nos saludó el colirrojo tizón, con su cola naranja, en el acantilado donde pusimos el telescopio. Las espectaculares Garcetas comunes no podían faltar, claro. 




Por la tarde visitamos la marisma de Bengoa entre chubasco y chubasco. Había también patos cuchara y correlimos ; además, volaba por allí el Martín pescador, como una bala.

Para terminar el día y ver la puesta de sol nos acercamos a la playa de Berria y dimos un paseo estupendo, con olas espectaculares y una luz irresistible. El rugido del mar y la soledad también lo eran.


Después, enfundamos los prismáticos y nos fuimos a Santoña a cenar a nuestro sitio habitual donde nos encontramos de maravilla.

El domingo lo dedicamos a Noja y sus marismas de Victoria y Joyel. Primero, la de Victoria en el llamado Molino de las aves donde hay un observatorio cerrado. Por allí también andaban el mirlo y el ratonero y en el agua flotaba el ánade friso y pescaba la garza real. El observatorio no lo abrían hasta más tarde así que partimos a otro observatorio en forma de torre de madera situado entre la playa de Trengandín y la marisma de Joyel, con unas magníficas vistas. Por allí merodeaban,además de nosotros, el aguilucho lagunero, el ratonero y el cernícalo. Al descender de la torre nos saludó el carbonero con su canto y su presencia y se metió en una papelera.¡Ni que fuésemos tan feos! Los hay exagerados, en verdad.


Nos acercamos a Noja a tomar un café y partimos a seguir explorando la marisma de Joyel en el pueblo de Soano donde nadaban los porrones. Dimos un paseo en el que no faltaron los petirrojos hasta el Molino de Santa Olaja, que es un molino de mareas y que fue en su día el mayor molino harinero de esa comarca de Trasmiera. Desde allí el espectáculo acuático resultaba magnífico mientras llovía y paraba de llover. La luz de esas marismas nunca defrauda.Se nos acercaron a saludar dos cisnes comunes que aparecieron de pronto nadando. A lo lejos, el Gavión, inmenso y raro. Estuvimos mucho tiempo avistando todo tipo de aves y reconociendo a estos fascinantes visitantes invernales de las marismas. Casi todos hicieron acto de presencia.

Antes de regresar al observatorio de Arenillas en Santoña para comer tuvimos ocasión de acercarnos dando un corto paseo bajo la lluvia al edificio del Ecoparque de Trasmiera, muy cerca, donde sobre una roca se agrupaban cientos de Garcillas bueyeras, otro espectáculo inesperado.


Ya en Arenillas pudimos ver a las limícolas pescar cangrejos mientras comíamos. Estábamos a lo mismo aunque su comida resultaba mucho más fresca, vivita y coleando. Tuvimos ocasión de sentimos afortunados de poder contemplar así el espectáculo de las mareas y las aves en esa caseta con corrientes y vistas panorámicas a su vida, enfrente de la cual nos hicimos una foto de grupo intentando posar con la gracia de las garzas. Veremos como hemos salido y qué piensan las garzas al respecto. Al carbonero, ni consultarle, claro.

Textos: Carolina Larrosa
Fotos: Loli Cordero, Belén Gutierrez y Brian Webster


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El Instituto Alavés de la Naturaleza-Arabako Natur Institutua (IAN-ANI) es una asociación cultural y científica, de carácter no lucrativo; se constituyó legalmente en 1988 (registro de asociaciones A/1287/88), aunque tuvo su precedente directo desde 1973 en la Agrupación para el Estudio y Protección de la Naturaleza en Álava (AEPNA). Ha sido declarada, además, de utilidad pública en marzo de 1997.

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