2015/02/22

Gallocanta 2014

Gallocanta, sus grullas y la primera nevada



El IAN se fue de excursión en el puente de la Inmaculada, y para cerrar el otoño a lo grande, a uno de los lugares más mágicos, altos, salados y secretos de España: la laguna de Gallocanta, a mil metros de altura, con una salinidad tres veces mayor que el mar Mediterráneo y donde convergen tres provincias: Teruel, Zaragoza y Guadalajara.

Fuimos a ver grullas y nos llevó Brian, por supuesto. Excepto para él y para mí, era su primera
vez para el resto del grupo y llegamos con la primera nevada, al comenzar diciembre, recién caída. Se nos habían unido tres fotógrafos del grupo Álava visión y nos habían avisado desde Gallocanta que estaban  pasando por allí 50.000 grullas. Estaban pasando por Salburúa también, pero esas eran otras y se iban a Extremadura, a las dehesas, a comer bellotas.

Las nuestras comen semillas ya que los agricultores de Zaragoza y Teruel, a los que pertenece la laguna, hacen una sobre-siembra para ellas, y se quedan, en su largo viaje desde el ártico. Lo subvenciona la Administración y ¿para qué van a llegar a África, como hacen algunas, las que no se quedan ni en Extremadura ni en Gallocanta, si encuentran comida suficiente en el camino?  Al final del invierno tienen que regresar a casa, al polo norte, a criar. Como vienen de allí, el frío aragonés de la laguna y de Teruel, no les preocupa. Lo que buscan es alimento y seguridad. Duermen dentro del agua muy juntitas porque así oyen el chapoteo de cualquier depredador que lo intente y le asuntan entre todas.  Se desperdigan a comer en los campos por el día, pero se juntan para dormir. Su salida y entrada a la laguna es el espectáculo único y musical que fuimos a observar.


Llegamos con frío, nieve y luna llena, y nos alojamos en uno de los pueblecitos que  bordean la
laguna, Tornos, en su hostal “Las grullas”. Pasamos por uno de los centros de interpretación antes de llegar a casa pero nos dijeron que todas las visitas y actividades en el exterior estaban canceladas por la nieve, y las visitas guiadas, una actividad nueva, también. Reservamos para otro día y nos fuimos a cenar a nuestro acogedor hostal donde todo es casero y bueno. Estábamos aterrados por el frío extremo y sabíamos que al día siguiente había que despertarse con las grullas e ir a la laguna a observar su salida de ella con el primer rayo de luz.


Así fue. Las oímos graznar y llegaron puntualmente en formación con forma de flecha, un gran
batallón. Por lo visto había unas 25.000 aves en la laguna, un número impresionante este año. Los fotógrafos montaron sus trípodes en la nieve y a lo lejos veíamos el pueblo de Bello (Campo de batalla) el más antiguo de la zona, y todos con restos de poblados celtibéricos. Nosotros estábamos en Teruel y volvimos a desayunar a Tornos, también en Teruel, a nuestro acogedor Hostal. Luego, a explorar la zona de Zaragoza, la laguna, el centro de interpretación, que es nuevo y ha absorbido la oficina de Turismo, todo ya con una luz magnífica y el sol radiante que no habíamos visto el día de la llegada. La nieve se heló, claro.





Hace unos años no había nada de nada porque eran unos pueblos pequeños y humildes de agricultores, en un páramo pelado y la laguna.  Lo que sí había era una guerra entre agricultores y grullas que se comían las semillas. Luego construyeron un Hostal para naturalistas en la laguna en el pueblecito de Gallocanta, una degeneración de Allucant, nombre del hostal. No se
sabe bien lo que significa pero cada vez que lo visitamos nos dan otras tres teorías nuevas… Pertenece a la comarca del Jiloca y de Daroca, nombres de sus ríos. Lo bueno de tener dos administraciones es que ahora todo está por duplicado: dos centros de interpretación, por ejemplo. La zona se está llenado de comodidades antes impensables como restaurantes y sitios donde dormir, y proporciona modos de vida a los jóvenes del lugar. Allí se pueden conseguir todo tipo de publicaciones y materiales relacionados con la naturaleza, la zona y las grullas, además. Hay cursos de fotografía de naturaleza en el Hostal Allucant y muchos extranjeros. Decir muchos en un lugar casi desierto no es decir aglomeraciones. Sigue siendo sagrado y silencioso, majestuoso y despoblado, lleno de espacio, paseos, observatorios y con mucho para explorar. Como decía Jorge Oteiza “El vacío no está vacío”. Aún luce más en inglés: “The void is not empty”.


Todos nos hicimos muy amigos porque el frío y la exploración unen mucho, y el panadero de Calamocha llevaba pan al hostal y nuestros desayunos y cenas eran como en familia cuando se
creó la Navidad y la familia era sagrada. Comimos compartiendo lo que habíamos llevado en un bar de Bello en la plaza al sol, en su terraza. Lo hicimos tres días en tres lugares parecidos, porque la gente es muy amable y nos dejaban. El vino de Cariñena ha mejorado mucho y los cafés y pinchos, deliciosos y bienvenidos.



Tras tres días de deshielo, inolvidables, en condiciones, para nosotros,  extremas, y mil fotos bien pensadas y disfrutadas con antelación, acostumbrados ya a levantarnos con el alba y las grullas, y a espéralas al atardecer, en la parte de Zaragoza unas veces y otras en Teruel, cuestión de dos otros kilómetros, para escuchar su inolvidable canto o llamada, rompiendo el silencio de la laguna y el invierno prematuro.




Luego hubo que partir, pero con el corazón dichoso, deseos de  regresar, además de un plan estupendo para el viaje de vuelta que se desplegó en varias paradas preciosas: el pueblo de Goya, Fuendetodos, con sol y sin nieve, El Planerón en Belchite, una reserva ornitológica esteparia tan impresionante como acostumbra, con una luz preciosa para la fotografía y lagunas llenas de agua en medio de la estepa aragonesa. La alondra Ricotí no cantó para nosotros pero es que era diciembre…

Al pasar por el Moncayo lo encontramos totalmente nevado y al acercarnos a Álava, empezamos a ver relámpagos en el cielo y llovía a mares. Desapareció la luz y supimos que habíamos llegado a casa desde un lugar muy, muy exótico, y un viaje inolvidable. Quien lo probó, lo sabe.



Texto: Carolina Larrosa
Fotos: Carolina Larrosa, Blanca Bombín y Sara Méndez

                                               Fotomontaje de Nicolás López de Armentia



0 comentarios:

Nosotros

El Instituto Alavés de la Naturaleza-Arabako Natur Institutua (IAN-ANI) es una asociación cultural y científica, de carácter no lucrativo; se constituyó legalmente en 1988 (registro de asociaciones A/1287/88), aunque tuvo su precedente directo desde 1973 en la Agrupación para el Estudio y Protección de la Naturaleza en Álava (AEPNA). Ha sido declarada, además, de utilidad pública en marzo de 1997.

Archivo

Gu