2011/09/07
Con Valverde, tras la pista del quebrantahuesos en Pancorbo
Quizá alguno de los visitantes del blog de IAN haya leído las memorias de José Antonio Valverde (1926-2003), publicadas por la editorial Quercus. Debió ser Valverde un naturalista hiperactivo, que no se conformó con salvar Doñana, fundar un Parque Nacional y una Estación Biológica, explorar territorios africanos faunísticamente desconocidos y alumbrar teorías ecológicas rompedoras, como las del origen granívoro de los homínidos. Creo que tenía una curiosidad absolutamente insaciable, y de ella nos dejó abundantes pruebas durante la visita que hizo al IAN con motivo del décimo aniversario de la asociación. Pero esa es otra historia…
El tiempo inexorable va haciendo desaparecer a aquellos pioneros que, en las décadas de los 50 y 60 del siglo XX, comenzaron a levantar el potente edificio que la Ornitología amateur y científica ha llegado a ser hoy. Pero lo cierto es que el valor de las contribuciones de Bernis, Sáez-Royuela, Valverde y otros, lejos de difuminarse, se acrecienta aún más cuando, en la actualidad, nos interesamos por la distribución y circunstancias de las especies en aquellos años. Conocer el pasado facilita entender los procesos que gobiernan la dinámica de las poblaciones, y ayuda a realizar proyecciones fiables hacia el futuro.
La perorata viene a cuento de la difusión de los cuadernos de campo originales de Valverde, a través de la página web de la Universidad de Salamanca. (http://gredos.usal.es/jspui/handle/10366/3699). Entre otra documentación de singular interés, figuran los apuntes naturalísticos tomados durante un viaje entre Valladolid y San Sebastián, en abril de 1954, con parada en Pancorbo. Allí Valverde aprovechó para conversar con cuanto lugareño, cazador y pastor se cruzó en su camino, y visitó algunos enclaves de los cercanos Obarenes. Aunque resulta sumamente aprovechable la noticia sobre presencia de perdiz pardilla hasta los años 30, Valverde se interesó sobre todo por el quebrantahuesos, que entonces se encontraba ya en galopante regresión. El caso es que Valverde describió con profusión de detalles la ubicación de un nido ocupado y el rompedero usado por la pareja, sin duda una de las últimas extrapirenaicas. Pertrechados con sus croquis, Fran Silván y un servidor visitamos en 2010 la barranquera de Obarenes donde Valverde fijó el nido, fantaseando con localizar los restos de la actividad del “cascahués”, como era conocido en Burgos y Álava. Pretendíamos emular a los ornitólogos cantábricos que han descrito antiguos nidos en Picos de Europa, también desusados hace ya muchas décadas, pero en nuestro caso no fuimos capaces de encontrar una cueva o repisa que hubiera conservado testimonios materiales de nidificación o alimentación. Los buitres leonados son, hoy por hoy, los únicos ocupantes de estas risqueras, y posiblemente su propia actividad haya hecho desaparecer cualquier elemento aprovechable.
No es el de Valverde el único relato histórico sobre quebrantahuesos en estas sierras, ya que Hiraldo, Delibes y Calderón, en su ya lejana monografía sobre la especie, aluden a otro sector de nidificación, en el desfiladero entre Bugedo y Foncea. Más aún, recogieron comentarios sobre el expolio del nido, y la incorporación del huevo a la colección zoológica del Monasterio de Santa María de Bugedo. Hace ya bastantes años visité esta colección, compuesta fundamentalmente por especímenes americanos enviados por misioneros de los Hermanos de La Salle, y pude encontrar un huevo rotulado como “quebrantahuesos”, si bien indudablemente perteneciente a buitre leonado. Otra vez el buitre omnipresente suplantando al fantasma de Obarenes.
Así pues, estas pistas no han conducido a nada tangible, pero gracias a Valverde y otros que se tomaron la molestia de trasladar sus experiencias al cuaderno de campo y sus datos a informes publicados, podemos afinar la cronología y causas de la extinción del quebrantahuesos, fuera del reducto pirenaico que pervivió y que conocemos hoy. Y podemos seguir indagando sobre las posibilidades de recolonización, ahora que el declive sufrido en aquellos años ha sido revertido. Un regreso, natural o asistido, que seguramente agradaría infinitamente a Valverde y a los demás ornitólogos de su generación, con escasos medios pero sobrados de vocación y arrestos.
Texto y fotos: José María Fernández
| Ilustraciones manuscritas de los cuadernos de campo de Valverde: Pancorbo, 1954. |
El tiempo inexorable va haciendo desaparecer a aquellos pioneros que, en las décadas de los 50 y 60 del siglo XX, comenzaron a levantar el potente edificio que la Ornitología amateur y científica ha llegado a ser hoy. Pero lo cierto es que el valor de las contribuciones de Bernis, Sáez-Royuela, Valverde y otros, lejos de difuminarse, se acrecienta aún más cuando, en la actualidad, nos interesamos por la distribución y circunstancias de las especies en aquellos años. Conocer el pasado facilita entender los procesos que gobiernan la dinámica de las poblaciones, y ayuda a realizar proyecciones fiables hacia el futuro.
La perorata viene a cuento de la difusión de los cuadernos de campo originales de Valverde, a través de la página web de la Universidad de Salamanca. (http://gredos.usal.es/jspui/handle/10366/3699). Entre otra documentación de singular interés, figuran los apuntes naturalísticos tomados durante un viaje entre Valladolid y San Sebastián, en abril de 1954, con parada en Pancorbo. Allí Valverde aprovechó para conversar con cuanto lugareño, cazador y pastor se cruzó en su camino, y visitó algunos enclaves de los cercanos Obarenes. Aunque resulta sumamente aprovechable la noticia sobre presencia de perdiz pardilla hasta los años 30, Valverde se interesó sobre todo por el quebrantahuesos, que entonces se encontraba ya en galopante regresión. El caso es que Valverde describió con profusión de detalles la ubicación de un nido ocupado y el rompedero usado por la pareja, sin duda una de las últimas extrapirenaicas. Pertrechados con sus croquis, Fran Silván y un servidor visitamos en 2010 la barranquera de Obarenes donde Valverde fijó el nido, fantaseando con localizar los restos de la actividad del “cascahués”, como era conocido en Burgos y Álava. Pretendíamos emular a los ornitólogos cantábricos que han descrito antiguos nidos en Picos de Europa, también desusados hace ya muchas décadas, pero en nuestro caso no fuimos capaces de encontrar una cueva o repisa que hubiera conservado testimonios materiales de nidificación o alimentación. Los buitres leonados son, hoy por hoy, los únicos ocupantes de estas risqueras, y posiblemente su propia actividad haya hecho desaparecer cualquier elemento aprovechable.
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Barranco de Obarenes donde Valverde situó en 1954 nido y rompedero de quebrantahuesos. |
Así pues, estas pistas no han conducido a nada tangible, pero gracias a Valverde y otros que se tomaron la molestia de trasladar sus experiencias al cuaderno de campo y sus datos a informes publicados, podemos afinar la cronología y causas de la extinción del quebrantahuesos, fuera del reducto pirenaico que pervivió y que conocemos hoy. Y podemos seguir indagando sobre las posibilidades de recolonización, ahora que el declive sufrido en aquellos años ha sido revertido. Un regreso, natural o asistido, que seguramente agradaría infinitamente a Valverde y a los demás ornitólogos de su generación, con escasos medios pero sobrados de vocación y arrestos.
Texto y fotos: José María Fernández
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