2008/09/09

De viaje por Australia Occidental

A finales del pasado verano, o al final del invierno, según desde qué hemisferio se mire, tuve la oportunidad de visitar el estado de Australia Occidental. El motivo de mi viaje, era la asistencia a un congreso sobre ecosistemas mediterráneos, algo que al contarlo causaba la sorpresa e incomprensión de la mayor parte de los amigos y familiares. Y no por el hecho de participar en un congreso, ya que acudo a muchos, sino porque para hablar de los ecosistemas mediterráneos se tuviese que ir al punto más remoto del planeta. Sin embargo, la elección de este lugar de celebración ha sido algo completamente lógico y coherente, y no por el hecho de que los biólogos seamos unos caraduras que nos gusta viajar por el morro, sino porque el clima mediterráneo se distribuye en todos los continentes, muy lejos del mar que le da nombre. Así hay reductos de mediterraneidad en Chile, California, Sudáfrica, Australia y, obviamente, en la propia cuenca Mediterránea. Y es que la principal característica de este clima es la existencia de un periodo de sequía en verano, algo que nos parece muy habitual, ya que vivimos inmersos en esta región climática, pero que a nivel terrestre es una singularidad. Como consecuencia, plantas y animales de regiones geográficas muy diversas, han de responder a idénticos retos y limitaciones ambientales. En el caso de Australia, a estos condicionantes, hay que añadir otros propios de esta isla-continente. Y es que esta es una de las tierras más antiguas del planeta, lo que implica que sus suelos, extremadamente lavados, son excepcionalmente pobres en nutrientes, lo que hace que las plantas desarrollen sistemas especiales de captación de fósforo, las raíces cluster. Estas estructuras aparecen especialmente en la familia reina de la flora australiana, las Proteaceas, una espectacular familia originaria del primitivo continente de Gondgwana. A diferencia de lo que ocurre en Europa, muchas de las flores de ésta y otras familias australianas son polinizados por pájaros, los denominados comemieles (honeyeaters en inglés) entre los cuales hay docenas de especies en Australia. Pero no siempre son amistosas las relaciones entre plantas y aves, muchas de estas nutritivas flores son directamente consumidas por otras especies florífagas, principalmente representadas por diversas especies de loros, periquitos y cacatúas, cuya estruendosa y ubicua presencia llama la atención de cualquier viajero naturalista.


A la pobreza de nutrientes, la vegetación de Australia Occidental debe sumar otros retos, como son la incidencia devastadora de un hongo, la Phytoptora, que está acabando con grandes extensiones de vegetación natural, afectando a más de mil especies diferentes; y la periódica aparición de fuegos, que si bien son un proceso completamente natural y necesario, su incidencia y efectos se ha visto incrementada en las últimas décadas. La salinización de extensas áreas de cultivo, generada por prácticas agrícolas agresivas ha supuesto otra agresión a esta región.


Otros de los retos de la naturaleza australiana provienen de la acción humana, que aunque reciente, ha tenido un efecto mucho más devastador que en cualquier otro lugar del mundo. Entre estas alteraciones, los efectos de la introducción de plantas y animales procedentes de otros continentes ha sido especialmente dramáticos. Es por ejemplo el caso de algunos predadores, gatos y zorros principalmente, que introducidos por los colonos han esquilmado las poblaciones autóctonas de mamíferos marsupiales, hasta llevar a muchísimas especies al borde de la extinción. Por eso hoy en día muchas de estas especies, como quokkas, wallabies, wollies, possums o numbats, solo son observables en algunos santuarios e islas, preservados de la presencia de predadores. Curiosamente parte de la solución a este problema proviene de la propia flora australiana, que aporta una toxina, que selectivamente elimina a los mamíferos introducidos, en tanto que la fauna autóctona ha desarrollado a lo largo de la evolución mecanismos de desintoxicación. Al contrario que estos pequeños mamíferos, los canguros, afortunadamente, tienen una talla lo suficientemente grande como escapar del ataque de gatos y zorros, con lo que su agitada y curiosa presencia, anima cualquier paseo campestre, y mantiene vivo y visible el auténtico símbolo de la naturaleza australiana.


Nacho Plazaola
2008/09/08

De paseo por Québec

Cuando uno piensa en Canadá inmediatamente le vienen a la mente los paisajes montañosos de las Rocosas en los estados de Alberta y Columbia Británica. Pero hay muchas otras zonas que vale la pena recorrer y visitar en este enorme y poco poblado país. Es por ejemplo el caso del estado de Québec, que hemos tenido la oportunidad de recorrer parcialmente durante el último verano. Nuestro itinerario partió y volvió a la preciosa ciudad de Québec (la más europea de Norteamérica), recorriendo ambas márgenes del Río (más que Río, brazo de mar) San Lorenzo.


El ambiente de la zona está marcado por un clima continental muy frío, lo que determina el predominio casi exclusivo de los bosques de coníferas boreales, entre los que destacan diversas especies de abetos como la Picea glauca o el Abies balsamea aunque algunas especies caducifolias forman buenos bosques en las zonas más templadas, como es el caso del Populus tremuloides. En las cumbres más altas (el monte Jacques Cartier con 1270 metros es la cima del estado), incluso hay manchas de tundra ártica, manteniendo poblaciones relícticas de algunos de sus habitantes más característicos como es el caso del caribú.


Pero el rasgo naturalístico más sobresaliente de esta zona es la gran riqueza de sus aguas costeras, lo que provoca la existencia de grandes concentraciones de aves y mamíferos marinos. La mayor atención y espectacularidad la concentran las ballenas, que de hecho constituyen el principal atractivo turístico de la región. Son varias las especies que se observan comúnmente, destacando entre ellas por su abundancia los rorcuales común y aliblanco, aunque también es posible la observación de la gran ballena azul. Pero sin duda el cetáceo que genera más simpatía es la beluga, cuyos peluches se venden en todas las tiendas de regalos. Esta especie, de distribución ártica, tiene en las aguas del San Lorenzo una población aislada, que se aprovecha de la riqueza que generan los afloramientos que se producen en la desembocadura del fiordo de Saguenay. Además de mamíferos, son especialmente llamativas las concentaciones de aves marinas, que forman enormes colonias de nidificación, entre las cuales destaca la gran colonia de alcatraces de la Isla de Bonaventure.

Nacho Plazaola
2008/09/01

ALCATRACES


A una hora de coche al este de Edinburgo en Escocia se halla el pueblo costero de North Berwick. De allí es un corto viaje en un barco (llamado Sula, naturalmente) hasta Bass Rock, una impresionante mole de piedra, según los locales hogar de la mayor colonia de alcatraces en el mundo: se calculaba que en el momento de nuestra visita había entre 100.000 y 120.000 ejemplares de todas las edades.

Lo que desde lejos parece ser puntitos de nieve son, en realidad, alcatraces.

Nick Gardner y Bego Silva

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El Instituto Alavés de la Naturaleza-Arabako Natur Institutua (IAN-ANI) es una asociación cultural y científica, de carácter no lucrativo; se constituyó legalmente en 1988 (registro de asociaciones A/1287/88), aunque tuvo su precedente directo desde 1973 en la Agrupación para el Estudio y Protección de la Naturaleza en Álava (AEPNA). Ha sido declarada, además, de utilidad pública en marzo de 1997.

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