2016/10/27

Visita al FLYSCH de ZUMAIA: 60 MILLONES DE AÑOS DE HISTORIA GEOLÓGICA



Llegamos a las 9 a Zumaia y nos dio justo tiempo para un café rápido antes de ir al Centro de Interpretación de los recursos naturales de Zumaia, Algorri.  Primero visitamos el centro con una guía especializada, vimos un par de videos y a continuación partimos andando hasta la cala de Algorri que en plena bajamar estaba impresionante. Allí entramos en la rasa mareal para disfrutar del espléndido día, un poco nublado y buena temperatura con un toque de viento sur: ideal para adentrarnos en las rocas, y charcos de la rasa mareal.


La rasa mareal o rasa intermareal es una plataforma rocosa producida por la erosión del mar cuando se interponen capas de rocas blandas y duras, y una diferencia intermareal significativa (altura entre la marea alta y la baja). La rasa está, por tanto, ligeramente por debajo del nivel marino y es visible en la marea baja y ante la retirada del oleaje. Ese día también pudimos disfrutar de los peces y moluscos que se encontraban en las charcas de agua salada, alguna quisquilla también, erizos….

Y también la famosa alga negra que resbala como el hielo. No hubo ningún percance en Zumaia pero si en la cala de Sakoneta donde fuimos a comer dejando los coches en el caserio-agroturismo de Errota-Berri. En veinte minutos estábamos en la playa de Sakoneta y es donde una integrante del grupo resbaló y tuvo una fractura en el pie. Por suerte era de profesión enfermera e inmediatamente se inmovilizo la pierna con una piedra y un pañuelo hasta que vinieron 6 bomberos a rescatarla para llevarla a Txagorritxu. Ahora está en casa en fase de recuperación. Mucha suerte con todo y animo compañera!

Para ver más fotos de la salida pulsa AQUÍ
Texto: Txema Egaña
Fotos: Alfonso López de Armentia, Carolina Larrosa, Loreto Gómez de Segura, Marisa Rodríguez y Teresa Ruipérez

2016/10/18

DESCUBIERTA EN ARTZINIEGA (ALAVA) LA MAYOR “LORERA” DEL PAÍS VASCO


       Kike Pérez de Arriba, guarda de Kanpezu y descubridor de la lorera del barranco de Valderrota, en Kanpezu  (PÉREZ DE ARRIBA & URIBE-ECHEBARRÍA, 2014) me comunicó este gran hallazgo y me puso en contacto con Jesús Enjuto, guarda de Artziniega y descubridor de la población.

      El domingo 10 de octubre acudí a Artziniega y, en compañía de Jesús, pude ver “in situ” la lorera y hacerme una primera impresión de su extensión y estado.

     Las loreras, son poblaciones de loro o laurel de Portugal (Prunus lusitanicus L. ssp. lusitanicus) y constituyen reliquias biogeográficas de los bosques lauroides que cubrían la P. ibérica durante el Terciario.  Sus parientes más cercanos los encontramos en Canarias, Madeira y Marruecos (Prunus lusitanica  L. ssp. hixa (Willd.) Franco) y Azores (Prunus lusitanica L. ssp. azorica (Mouill.) Franco.



En Álava , y en el País Vasco, las loreras son poblaciones muy raras y localizadas. Sólo conocemos las poblaciones alavesas de Altube, barranco de Katxamoiano, donde perviven poco más de media docena de ejemplares, en una ambiente de sotobosque de hayedo acidófilo y la ya citada en Kanpezu, como sotobosque de un carrascal con boj. En ambos casos en microambientes húmedos y abrigados.


  La población de la que ahora damos noticia, ocupa la umbría del monte Otsati (515 m), en Artziniega y el abrigado barranco de la fuente de La Fragua. Es una población que se extiende al contiguo Valle de Mena, en Burgos, y ocupa aproximadamente una 30 Ha. entre los 350 y 500 m aproximadamente.

Lo que más me sorprendió de la población, además de la abundancia del Prunus lusitanica, es que viven en el sotobosque de los singulares quejigales atlánticos de Aiala, casi ocultos bajo la impentrable y espinosa cortina que forman las lianas de zarzaparrilla (Smilax aspera L.) al descolgarse de lo alto de los quejigos. Al aclarar una pista para diversas labores forestales se ha podido llegar  a estas poblaciones, hasta ahora de muy difícil acceso.




El quejigal atlántico de Aiala, es un bosque peculiar, mezcla de los quejigales subcantábricos de la Llanada y de los encinares cantábricos. La ya citada  zarzaparrilla es la que mejor caracteriza estos quejigales y les da un aspecto exuberante que no tienen los quejigales más meridionales. Junto a estas dos plantas pueden aparecer: Quercus robur, Q. ilex, Fraxinus excelsior, Sorbus aria, S. torminalis, Viburnum tinus, V. lantana, Crategus monogyna, Hedera helix, Rhamnus alaternus, Phyllirea latifolia, Arbutus unedo, Corylus avellana, Rubia peregrina, Tamus communis…etc


Es de agradecer la magnífica predisposición de Jesús ,el guarda, a proteger y cuidar esta lorera. Esperemos que los vecinos y los responsables administrativos estén a la altura en la conservación de este hallazgo.




* PÉREZ DE ARRIBA , E.& URIBE-ECHEBARRÍA, P.M. (2014). Presencia de Prunus lusitanica L. subsp. lusitanica (Laurel de Portugal o Loro) en la cuenca alta del río Ega. Flora montibérica 58:34-44.



Texto y fotos: P. Urrutia
2016/10/08

Día de las Aves en Ordunte, en los confines de Bizkaia


El 8 de octubre se celebró el ya longevo “Día de las Aves”, que viene sirviendo de excusa ininterrumpida al IAN, desde hace más de veinte años, para organizar algún tipo de evento con el que promocionar y difundir la observación de aves. En esta ocasión nos fijamos en Ordunte, una sierra de moderada altitud a caballo entre Bizkaia, Burgos y Cantabria, que prolonga la Cordillera Cantábrica o extiende los Montes Vascos, según se mire.



Ordunte, junto con los montes de Ranero y Armañón, cierran y custodian el valle de Karranza, el más occidental de Bizkaia y uno de los más particulares desde el punto de vista cultural y natural. Karranza quedó al margen de la ocupación industrial y la forestación masiva con pino radiata y eucalipto, típicas del resto de Bizkaia. Mantiene un paisaje rural, con predominio de las praderas y setos en las zonas bajas, y bosques de encinas, robles y hayas en las laderas de los montes. Nos fijamos en Ordunte porque este territorio está siendo objeto de un proyecto LIFE+ que pretende ayudar a compatibilizar los usos tradicionales, ganaderos y forestales, con la conservación de varios elementos valiosos incluidos en este espacio de la red Natura 2000, como la turbera de Zalama, los trampales y los bosques. Estos últimos albergan una nutrida representación de aves forestales, incluyendo rapaces escasas como el azor, y recientes colonizadores como el picamaderos negro. Las poblaciones de rapaces carroñeras de Karranza, buitres leonados y alimoches, están entre las más estimables del País Vasco, y también son objeto de seguimiento cuidadoso. Hay que reconocer, sin embargo, que en nuestra excursión por el hayedo de Balgerri,


 el más extenso que pervive en Bizkaia, las aves pasaron a un segundo plano por obra y gracia de nuestro acompañante local, Miguel Sabino. Difícil encasillar a Sabino en una categoría cerrada: etnógrafo, naturalista, fotógrafo, arqueólogo, lingüista, historiador, divulgador… Agradecemos mucho que compartiera con nosotros sus vastos conocimientos sobre Karranza, así como al personal del centro de información de la Zona Especial de Conservación de Ordunte y Armañón que nos atendió durante la visita guiada al mismo.





Texto: José María Fernández / Fotos: José María Fernández y Carolina Larrosa

2016/10/03

Abrigos naturales de los Husos y degustación de aceite de Rioja Alavesa



Quedamos en el lugar de costumbre en Vitoria, y hacia las 09:00 horas llegamos a casa de Ander Bezares en Laguardia para dirigirnos hacia Elvillar. Desde allí, cerca del dolmen de La Chabola de la Hechicera, iniciamos el espectacular paseo hacia los abrigos de Los Husos.



Las cuevas de los Husos fueron descubiertas y excavadas por el profesor Apellaniz a finales de la década de los sesenta. Desde entonces se realizaron el resto de trabajos de investigación entre los años 1999 y 2006 respectivamente. 







En Los Husos el ser humano estuvo hace 6.240 años. Según las investigaciones se encontraron, entre otras cosas, restos de animales domésticos y semillas. Los hallazgos de gran importancia hacen de Los Husos uno de los lugares clave en la prehistoria del País Vasco, y sin lugar a dudas son los más importantes del norte de la península Ibérica y sur de Europa.





Ya de vuelta nos dirigiremos a Lanciego. Allí nos esperara Eva Iradier, nuestra nueva guía. Nos enseñará lugares muy entrañables llenos de sorpresas, y para finalizar nos iniciará en la cata del aceite de la zona acompañado de almuerzo.



Textos: Ander Bezares
Fotos: Carolina Larrosa

Cursillo de Macrofotografía con la Asociación Alavavisión



Taller de fotografía macro en Santa Catalina

El último sábado de junio, con el verano recién estrenado, fuimos con Brian al Jardín botánico de Santa Catalina, en Trespuentes, para disfrutar de un taller intensivo de fotografía macro, teoría con prácticas y supervisión, junto a la Asociación cultural Alavavisión. Uno de sus miembros, Iñigo Gómez de Segura Buesa,  nuestro profesor ese día, nos había preparado una presentación con todo lo fundamental sobre el macro, técnica difícil pero muy necesaria, yque trata de convertir lo pequeño en grande, y nos hizo sentir que no era tan complicado ni difícil. El tiempo voló y hubo que practicar lo aprendido.



Salimos a un parterre y era un poema vernos, tumbados por los suelos, persiguiendo abejorros entre las flores, llenos de equipo fotográfico y siempre bajo la mirada atenta y amable de Iñigo, que con su entusiasmo nos motivaba hasta a los más reticentes porque sólo teníamos una cámara compacta, aunque con funciones manuales,  con la que la tendencia a que todo salga desenfocado es frustrante. Lo pasamos en grande y aprendimos muchísimo.




















La sorpresa fue mirar las fotos en casa y ver que con sus sabios consejos, algunas cosas no estaban nada mal y estábamos aprendiendo a sacar partido al equipo.  Los participantes, ya antes de despedirnos, planeábamos una nueva quedada macro cuanto antes, para no olvidar y practicar juntos: un despegue en toda regla.


Carolina Larrosa


2016/05/28

El desconocido Valle de Lana, en la sierra de Lokiz, Navarra

Comenzó la temporada de salidas oficiales del grupo de botánica dedicado a nutrir el Herbario digital Xabier de Arizaga el último domingo de mayo con una salida fascinante al monte Arnaba, ascendiendo desde Narcué, uno de los  cinco pueblecitos sembrados en este valle secreto, recoleto y ahora tapizado de verde y de flores, el valle de Lana, en Lokiz, muy cerca de la frontera con Álava. Se le conoce también por allí como valle de los rusos porque se llenaba de nieve en invierno y se quedaba totalmente incomunicado, como si fuese Siberia…

Tuvimos la suerte de que un socio del IAN con casa en Narcué se había ofrecido a hacernos de guía en la ascensión al monte Arnaba y nos condujo alegremente por el mejor camino del bosque hasta los altos del circo rocoso y calizo donde pasaríamos el día recorriéndolo y explorando. El, claro, no sabía lo que le esperaba. Un valiente guipuzcoano que también disfrutó mucho con la floración espectacular del praderío y el roquedo en mayo.




Era muy temprano y el día estaba aún fresco y soleado.  Nada más arrancar la ascensión desde Narcué surgió la perla de los descubrimientos botánicos del día:  apareció una planta parásita del enebro, la Arceuthobium oxycedri, a 782 metros de altura, algo inesperado que hizo exclamar mucho a Pello y a su descubridor, Antonio, con su ojo de halcón, que no se le escapa una. No estaba en flor, es pequeña y además, verde sobre verde. Ninguno de los demás la hubiéramos mirado dos veces—adjunto foto---  Pues bien,  hay que regresar cuando esté en flor; pequeña pero matona. Desde ahora vamos a mirar los Juniperus oxycedrus con otros ojos, mucho más atentos.

El monte Arnaba resultó ser un quejigal con boj  que en las alturas se convirtió en un hayedo con boj. La gran panorámica sobre el valle de Lana, con la sierra de Cantabria al fondo y su León dormido, también nos permitía observar todos los pueblecitos del valle y el carrascal con boj que habíamos dejado atrás al salir de Narcué. Pello se prometía visitarlo por la tarde pero los altos de nuestro impresionante roquedo calizo dieron para ocho horas de recorrido,  y con vistas en su cima hacia el otro lado del monte: el valle de Larraona.


El camino y las rocas de las alturas estaban tapizados con las flores de sus plantas. Los azules y morados ganaban por goleada, pero nos retratamos al lado del guillomo en flor, que junto con el espino albar cubren los lugares de blanco níveo. No os quiero dar más envidia porque en realidad el trabajo del botánico es arduo y no consiste en quedarse mirando esas flores y plantas embobados mucho tiempo, que ya las tenemos introducidas y bien documentadas en el Herbario, sino otras menos fáciles y por cuyo descubrimiento nos habíamos subido hasta allí y pasamos la tarde andando sobre graveras empinadas por las que al final del día hubo que bajar resbalando, algo agotador.

En los momentos de más peligro y mayor tensión nerviosa por el cansancio, algún botánico me decía: Carolina, mira, mira el serbal en flor, allí, detrás de aquellos árboles, como si una pudiese despegar la mirada del suelo, siempre a punto de desamorrarme en esos trances. Al final me tuvo que ayudar una familia de montañeros que pasaban por allí y que me adoptaron.  Gracias a Antonio que apareció a buscarme, ascendiendo de nuevo por la agotadora cuesta de la gravera,  y llevarme donde los demás, que son como cabras, ágiles y flexibles, siempre jóvenes cuando se trata de tirarse por sitios donde el  mismísimo alimoche nos miraba, curioso, cerca , cerca. Era un pollo de cuidado.



Fue inolvidable, en verdad, y como ya dije antes, hay que volver a intentar cazar en flor a la parásita aquella. Además en la gravera, hábitat muy duro para cualquiera, Pello descubrió otra planta interesante pero no pudimos fotografiarla porque en ese momento estalló la tormenta que habían anunciado para horas antes y que tuvo la decencia de esperar hasta muy tarde y refrescarnos aquel sudor de la ardua bajada.

Llegamos a casa doce horas después de haber salido, con dolor  de rodillas y de pies, felices y con los ojos llenos de flores montanas de mayo, directos a la cama, seguro, aunque a Pello le dio tiempo y ganas, no sé como lo hace, en verdad, de mandarme esa misma noche  la lista con las plantas nuevas del día, fotografiadas para el Herbario, ordenadas por alturas y hábitats. Las adjunto al final y os aseguro que  las recuerdo como si fuesen primas nuestras de un pueblo lejano, a quien no ves todos los años por ello, ya que cada planta logró hacer corrillo a su alrededor y nos hincó de rodillas con las narices metidas en el prado, en las rocas, en el cáliz con insecto, y ese fue nuestro descanso. Y es que, como decía Ernestina Campucin, “¡Es tan fácil atar el corazón con flores! “

Y aquí están esas que ataron el nuestro y fotografiaron nuestros botánicos con el rigor y el mimo que les caracteriza, todas a gran altura, llegando hasta los 1.200 metros del inolvidable monte Arnaba, pero cubriendo su diferentes hábitats:


- Medicago suffruticosa
- Iberis sp.
- Androsace villosa
- Arum cylindraceum
- Cerastium arvense
- Pedicularis comosa ssp. schizocalyx
- Scrophularia crithmifolia ssp. burundana

Veréis si lo consultáis, que ya están incorporadas al Herbario digital.



Carolina Larrosa

2016/05/07

VISITA AL ARBOLADO DEL PARQUE DE ARRIAGA

Sábado, 7 de mayo de 2016

La mañana empezó con un poco de lluvia que no desanimó a las seis personas que nos reunimos con Gonzalo Lope Gorrotxategi, a las 10 en la ermita de Arriaga.
La propuesta era recorrer el parque visitando algunas de las muchas especies de árboles y arbustos que allí se encuentran, pero con una mirada un poco diferente que se centraba en carácter urbano del arbolado y cómo usamos y gestionamos esos árboles.

En primer lugar se habló del Parque de Arriaga, un parque de gran extensión que se creó hace casi 40 años y que en estos momentos es un lugar muy interesante tanto por la diversidad  como por el diseño del propio parque.
La primera parada de  nuestro recorrido fue en el laurel que hay al lado de la ermita, un ejemplar que se ha adaptado muy bien al medio a pesar su carácter más mediterráneo.
Y siguieron:
Hayas, una solitaria que con un magnifico porte y las variedades purpurea y péndula.
Haya péndula
Chopos
Chopos negros de unas dimensiones que empiezan a ser problemática y en los que aprendimos a diferenciar las ramas que pueden romperse en el futuro y que exigen una labor de mantenimiento más frecuente.
Composiciones con dos variedades de tejos y juníperos.
Arboles antiguos como el ginkgo y el magnolio.
Tilos que han perdido la rama guía y crecen de forma “desestructurada”, aunque crean una atmósfera especial con un efecto de túnel verde.
Sequoias que invitaban a tocar su corteza dando una sensación mullida y que por otra parte nos indicaban la falta de aire en el suelo asomando sus raíces por debajo del asfalto. Aprendimos  que aunque normalmente se piensa en la falta de agua, la compactación del suelo y la consiguiente falta de aire es uno de los principales problemas de los árboles urbanos.
Pinos piñoneros formando un bosquete donde se veía como la cantidad de luz se relaciona con el tamaño de los árboles.
Árbol de Júpiter
Otra corteza para experimentar con su tacto “sedoso” la del Lagerstroemia índica (Árbol de Júpiter)
Piceas, abetos y cedros, sus diferencias en la forma de agruparse las hojas o insertarse en la rama. Las piñas colgantes de las piceas, erectas y en la parte alta en los abetos y más anchas en los cedros. Vimos varios ejemplares de pinsapo (Abies pinsapo) especie que se encuentra muy cómoda en el clima de Vitoria lo cual se ponía de manifiesto en su magnífico aspecto.
Un seto de Cupressus arizónica que rodea el aparcamiento y que tiene fama por su estructura y dimensiones.
Y, como no, los castaños de Indias y los sufridos y eficaces plátanos, básicos en la masa verde  de la ciudad en todos los tiempos. Desde aquí una reivindicación para ellos: Evitar las brutales e inconvenientes podas que sufren por criterios  exclusivamente “prácticos”.
La mañana que comenzó con lluvia estaba ahora soleada y el cierre del recorrido fue una hermosísima encina que se encuentra en una esquina del parque, soportando impávida y fresca la fuerte contaminación de la vía rápida de tráfico. Y es que también aprendimos que los árboles son individuos,  en ocasiones tozudamente fuertes ante un entorno hostil.
Esta es una pequeña muestra de las especies que vimos y las cosas que aprendimos.
Sequoia

Gracias Gonzalo por introducirnos en esta nueva dimensión del arbolado.

Texto y Fotografías: Teresa Ruipérez





2016/04/19

UN PASEO BOTÁNICO POR CÁDIZ (CANUTOS, PLAYAS Y ALCORNOCALES)

Hola de nuevo a todos los amigos del IAN.

     Heme aquí, un año más, para contaros las peripecias de la salida extraordinaria del Herbario a la provincia de Cádiz. En esta ocasión, la salida se realizo del 6 al 14 de febrero y el objetivo eran los canutos de Cádiz, bosques de ribera en valles estrechos y húmedos propicios para los helechos y plantas endémicas, relícticas  y asociadas a la laurisilva, últimos reductos de estas especies en el entorno mediterráneo predominante. También visitamos las playas, pinares y alcornocales del extremo sur peninsular.
     El grupo lo componíamos Pello al mando y organización, José Ramón como experto fotógrafo y botánico y yo en mi papel de ayudante para todo, aprendiz y cronista.
     Partimos el sábado 6 a las 5 de la madrugada y, en un pispas, pasando por Burgos, Valladolid y bajando por toda la Ruta de la Plata, llegamos a Sevilla, donde comimos y por Algeciras nos vimos en Tarifa a las 5 de la tarde; 1100 Km sin darnos cuenta.
Toma de posesión del apartamento, cena y reposo del guerrero (botánico).


PRIMERA JORNADA

El domingo 7 se levanto con lluvia fina y persistente, pero, confiando en nuestra buena estrella, fuimos hacia Los Barrios y paramos cerca del canuto del arroyo Chocolatero. Fue llegar y parar la lluvia, así que nos metimos en el canuto y en faena. Nada mas empezar, vimos el Arisarum proboscideum, original por su larga trompa; varios helechos, entre ellos la Davallia canariensis o "pata de conejo", curiosa por su grueso rizoma que recuerda los miembros de este animal y se adhiere con firmeza a  la corteza de los árboles.
Después de muchas vueltas y revueltas, localizamos el escaso y original Psilotum nudum, el Rusco de Cádiz, Ruscus hypophyllum, Hedera maderensis y Bellis cordifolia. También fotografiamos la Romulea bifrons y el curioso Solanum linneanum, con frutos de 3 a 5 cm. de forma y color de pequeñas sandías y muy tóxica como otras muchas solanáceas. No pudimos hacerlo con el maravilloso y enorme Rhododendrum ponticum ssp. baeticum, que estaba empezando la floración y nos lo imaginábamos dentro de quince días explotando de color.
Volviendo hacia casa, paramos en el camino   forestal del valle de Ojén y, en los prados de la entrada al parque, vimos el Narcissus papyraceus, ya visto en la salida del año pasado, pero espectacular por sus flores blancas en racimos y su intenso olor.
Llegando a Tarifa paramos en la playa de Los Lances y, en un pinar anexo, vimos la escasa orquídea Gennaria diphylla y la Ophrys tenthredinifera ssp. tenthredinifera.
Preciosa puesta de sol, cena y partidita de cartas con buen gusto de boca (pacharán).




JORNADA DOS

Hoy, según la programación, tocaba playa.
Partimos hacia Bolonia, famosa por su playa y su duna. Caminando por un paseo elevado de madera, entre el mar a la izquierda y un pinar a la derecha, nos detuvimos a clasificar un arbolillo con flores preciosas, el Myoporum laetum, nativo de Nueva Zelanda, pero ya naturalizado en el sur peninsular. Localizamos también en la arena el Senecio gallicus y la Centaurea cf. polycantha. En el pinar florecía la Clematis cirrhosa y en los acantilados vimos el Limonium emarginatum y la Calendula suffruticosa, endemismos del estrecho, también en la costa marroquí.
Marchando hacia Zahara de los Atunes, José Ramón divisó, con su ojo de lince, la Scilla peruviana, preciosa y espectacular por su tamaño y vistosidad. Paramos a comer en una zona militar y allí mismo estaban el Iris cf. xiphium y la Stachys arvensis.
En este mismo lugar, pararon 4 o 5 vehículos y varios paisanos se repartieron por el prado con sacos y azadillas recogiendo alguna planta. Ya picados por la curiosidad, preguntamos a uno de ellos y nos comento que recogían tagarninas, que no son otra cosa que las rosetas basales tiernas de del Scolymus hispanicus, que una vez limpias de sus espinas y cocidas se consumen como verdura en muchas partes de Andalucía y Extremadura; tuvimos ocasión de probarlas más de una vez en diversas combinaciones gastronómicas locales. Vuelta a casa y descanso.



JORNADA TRES

De nuevo, día de canutos (en el buen sentido).
Llegamos a la Sierra de Saldavieja y antes de entrar al arroyo Almodóvar ya vimos la Scilla monophyllos y  la Teline monspessulana. Ya dentro del canuto vimos un precioso helecho, el Asplenium billotii y el Allium triquetrum.
Huída por el foro de reses de la que te previenen los carteles, que nos miraban como al tren y comida en Facinas, muy sabrosa y con tagarninas incluidas.
A la tarde, en plena Sierra de Ojén, nos metimos en un paisaje precioso de alcornoques y robles con espectaculares Davallia epífitas en sus horquillas y con la intención de recorrer el canuto de Risco Blanco, pero por problemas técnicos, nos metimos por otra senda, no alcanzamos el final del canuto, pero conocimos paisajes maravillosos y aprovechamos para fotografiar el Asplenium onopteris .Hay que dejar algo para futuros viajes.

JORNADA CUATRO

El jueves salió con sirimiri andaluz, pero ya José Ramón tenia localizado en los alrededores de la casa el Cynoglosum clandestinum y allí fuimos a fotografiarlo bajo la lluvia.
A continuación cruzamos la ciudad hacia el este y salimos bordeando por la playa; José Ramón decidió quedarse en la playa recogiendo conchas, ya que también es un apasionado de la malacología y vio buenos ejemplares.
Pello y yo cogimos una vereda por el P. N. del Estrecho que, en dirección hacia Algeciras, tenía a la izquierda la montaña, a la derecha el mar con vistas a Marruecos y, enfrente, Gibraltar.
El día no parecía propicio para las plantas, ya que escaseaban y el viento no paraba, pero aún así, vimos dos plantas bonitas, la Romulea clusiana y la Mandragora autumnalis.
Tras varias horas de paseo relajado y después de comer bajo un belvedere azotado por el viento y la humedad marina en Punta Guadalmesí (arroyo de las mujeres, aunque se habían ido), nos metimos hacia el interior de la Sierra de Bujeo y para las 4 estábamos en Pelayo, barrio periférico de Algeciras con tan buena fortuna que, 15 minutos después, pasaba el autobús en dirección a Tarifa.

Dia cansado, pero bonito paseo.



JORNADA CINCO

Amaneció con lluvia torrencial, pero, la intención era visitar Cádiz capital y estábamos resignados a conocer una ciudad famosa por su luminosidad bajo la lluvia, pero ,una vez más, la suerte estaba de nuestro lado, y, al llegar a Conil de la Frontera, en el pinar de Roche, paro la lluvia y todo el día tuvimos un sol espléndido.
En el pinar, un lugar precioso con acantilados de ostras petrificadas, vimos el Myrtus comunis, con su estupendo olor, el Ulex australis, Mercurialis eliptica y el Cistus ladanifer ssp. africanus (posiblemente la única o de las pocas localidades conocidas en la Península).
Una vez en Cádiz, visita a la parte antigua, catedral, teatro romano y mercado central, con abundancia de pescados en calidad y cantidad. Comida, como no con "pescaito frito".
A la tarde, paseo por el pinar de la Algaida, cercano a la Universidad con preciosa puesta de sol y la Clematis cirrhosa en fruto.



JORNADA SEXTA

Vuelta al canuto. Hoy tocaba el arroyo de la Miel, con espectaculares vistas a Algeciras y África. A pesar de nuestros esfuerzos, no pudimos localizar los helechos citados, pero si localizamos  el Cytisus villosus y una buena cantidad de setas que José Ramón, también afamado micólogo,y  yo recogimos para un buen revuelto para cenar.
La tarde estuvo lluviosa, así que la dedicamos al turismo, compras de última hora y partida de cartas. Había que hacer el equipaje y, la marcha, junto con el clima, nos traía la melancolía.



JORNADA SEPTIMA

Salimos temprano y para las 2 ya estábamos comiendo, de nuevo tagarninas, en mi pueblo natal, Garciaz ,Cáceres. Después de comer, la intención era dar un paseo campestre, pero la intensa lluvia nos lo impidió, así que, descanso, charlas y, por mi parte, visitas a la familia y compra de miel de la zona.





JORNADA OCTAVA

Ya con la intención de volver y, antes de desayunar, nos acercamos a las afueras del pueblo  ya que José Ramón  había visto el día anterior el Cheilantes hispanica y  el Lamium bifidum  y quería ficharlos para el Herbario.

Café con porras y marcha, pero antes paramos en Conquista de la Sierra para ver el Erysimum lagascae y en los canchales de Trujillo, el Narcissus bulbocodium ssp. quintanillae.

Via de la Plata, nieve en Salamanca, comida en Valladolid y a las 5 en Vitoria.

Buen viaje.






RESUMEN

Un año más, estupendo viaje con buenos amigos (incluido el nuevo Dacia) y bellos paisajes de la geografía peninsular. El Herbario se ha enriquecido con unos 60 nuevos pliegos, entre ellos algunos notabilísimos endemismos y hemos conocido lugares magníficos que nos gustaría revisitar en otros momentos. Para los que quieran y puedan, recomendarles Tarifa, Cádiz, sus playas y parques naturales; su gastronomía y ,cómo no, mi pueblo, Garciaz  y toda su comarca natural, Las Villuercas, con sus microclimas, su fauna y su flora.

Texto:      J. P. Solís Parejo
Fotos:      J.P. Solís, J.R. López Retamero y P. Urrutia

2016/01/24

Botánicos en Plentzia





El domingo 24 de enero tuvimos una reunión muy deseada, por amistosa, con el grupo de botánica de Sestao, ya que nos ayudan con el Herbario digital cada vez más y mejor, y nos la organizaron ellos en Plentzia, paseando por la ría, por  la playa y también por la orilla del mar hasta un fortín. Salió un día magnifico y dejamos las nieblas de Vitoria y de Álava con la del alba llegando a Plentzia prontito. Allí nos esperaban nuestra socia Begoña Zorrakin y un buen grupo de  botánicos y naturalistas del grupo de Sestao. También traían a un amigo de Zumaia, otro naturalista. Se empezó a hablar de botánica y fotografía paseando por el pueblo hacia el omnipresente mar y su luz cantábrica; ya no hubo manera de parar esa conversación entre amigos que se ven poco y que se aprecian mucho.  Nos podéis ver en esa foto en la que no estamos jugando a tapar ni la calle ni el puerto pero lo parece. Abultábamos un poco por las calles aún medio dormidas.


Parecía un día  de verano con un mar azul genciana y un pueblo que invitaba al paseo y a mirar el suelo, a las rocas y  al bajo monte, buscando plantas. Casi nada estaba en flor porque un 24 de enero es aún pronto. Así que pudimos hablar y pasar al intercambio de planes, lugares y calendarios, además del procedimiento para seguir aumentando el catálogo de plantas del Herbario digital Xabier de Arizaga en esta nueva temporada.  Todo, muy relajado. Tras el paseo y  la exploración de la costa caminando hasta una roca con las ruinas de un fortín que se proyectaba en el mar,  nos mezclamos con la gente del pueblo al socaire y en el Socaire para tomar una cerveza y sentarnos un rato.

 
Comimos muy bien en el Eder caia, un restaurante tradicional, con socios, y gran ventanal mirando al mar. Éramos 12 en una mesa redonda y sin duda, si tuviéramos que pensar en un cabecilla como el sajón de la leyenda, un Arturo con sus caballeros, ese era nuestro Pello, sin duda.

Nos recordó a todos los objetivos del Herbario, y el protocolo, y se habló de las fotografías, de las plantas y de los logros. Salimos todos con el entusiasmo renovado, las amistades y contactos revividos  y el placer de haber compartido un día así con tantos sabios risueños.

Se pasó en un suspiro y regresamos a Vitoria y a Álava con una enorme luna llena doce horas más tarde y bien oreados por el Cantábrico  y sus brisas y por ese mar de amigos y compañeros con los que compartir y vivir una pasión.




Texto y Fotos: Carolina Larrosa

Nosotros

El Instituto Alavés de la Naturaleza-Arabako Natur Institutua (IAN-ANI) es una asociación cultural y científica, de carácter no lucrativo; se constituyó legalmente en 1988 (registro de asociaciones A/1287/88), aunque tuvo su precedente directo desde 1973 en la Agrupación para el Estudio y Protección de la Naturaleza en Álava (AEPNA). Ha sido declarada, además, de utilidad pública en marzo de 1997.

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